La colonización de Valdivia y Llanquihue de Vicente Pérez Rosales: Omisiones y elipsis en recuerdos de un pasado presente


La colonización de Valdivia y Llanquihue by Vicente Pérez Rosales:
Omissions and ellipses in memories of a present past

Estela Imigo Gueregat

estelaimigog@gmail.com

 

Resumen

El siguiente articulo aborda La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935) de Vicente Pérez Rosales y su publicación en 1882 como parte de Recuerdos del pasado. El objetivo es observar cómo esta obra crea formas de subjetividad mediante mecanismos discursivos que expresan una visión sesgada del mapuche en el siglo XIX, conforme a un proyecto Estado-Nación que mantiene su vigencia hasta el periodo contemporáneo; de esta manera, se podrá observar cómo la reedicion de la obra de Pérez Rosales reactualiza idearios decimonónicos que silencian una historia de violencia institucional hacia las diferentes comunidades mapuche.

Palabras claves: memoria, diglosia, historia, literatura

Abstract

The following article presents La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935) by Vicente Perez Rosales and its publication in 1882, as a part of Recuerdos del pasado. The Aim is observing how this literary work creates forms of subjectivity through discursive mechanisms that express a biased vision of Mapuche in the 19th century, in accordance with a State-Nation project, which maintains its validity until the contemporary period; this way, it is going to be possible to observe how the reissue of Vicente Pérez Rosales’ literary work updates nineteenth century idearies that silence the history of institutional violence towards different Mapuche communities.

 

               Keywords: memory, diglossia, history, literature

 

 

1.       Introducción

 

La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935) es una recopilación de memorias de viaje de Vicente Pérez Rosales extraídas de Recuerdos del pasado (1882). Estas fueron reagrupadas 80 años después sucedidos estos acontecimientos (1850-1860), con la finalidad de abarcar como temática principal la colonización en las regiones mencionadas. Asimismo, se evoca un tiempo pretérito y los esfuerzos del Estado -personificados en su protagonista y agente de colonización: Vicente Pérez Rosales- por anexar al territorio chileno estas tierras que son descritas como improductivas y carentes de la mano del progreso. Sin embargo, a través de nuestro análisis podremos establecer que estas formas de subjetividad reactualizan un proyecto burgués que silencia una historia y territorio mediante omisiones y elipsis.

Según Roger Chartier una de las características fundamentales del campo literario es la presencia de la historia de su campo, es decir, de su pasado y desarrollo. En nuestro caso, esto significa historizar sobre la reedición de Recuerdos del pasado bajo el nombre de La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935), en este sentido, debemos posicionar la obra en tres momentos diferentes, es decir; en un primer momento, que se remonta a un pasado referencial datado entre 1850-1860, cuyo contexto histórico se sitúa en lo que es denominado como “colonización hormiga” (Bengoa, 1987), momento en donde numerosos colonos se establecieron en los territorios ancestrales pertenecientes a la zona williche, lo cual ocasionó que en 1859 se produjese un alzamiento general de los mapuches que reclamaban sus territorios  expropiados mediante la colonización espontánea, cuya ley fue decretada por Manuel Montt -posterior presidente de Chile-. Un segundo momento tiene que ver con el contexto de la publicación de Recuerdos del pasado (1882), en el cual los mapuches han sido definitivamente expoliados de sus territorios, siendo destinados a vivir en reducciones. Finalmente, situaremos un tercer momento, que tiene que ver con la reedición de Recuerdos del pasado bajo el nombre de La colonización de Valdivia y Llanquihue en 1935.

 

2.      Memoria como género referencial en La colonización de Valdivia y Llanquihue

 

Retomando las hipótesis que expone Roger Chartier, extraídas de Paul Ricoeur, podemos situar a La colonización de Valdivia y Llanquihue como un texto perteneciente al género de la memoria, ya que existe un trabajo historiográfico de anámnesis o de evocación a un pasado (Chartier, 2007), pues la memoria es inseparable de su autor como testigo, lo que implica la confianza en su testimonio y en el modo explicativo del cual se vale para validar su relato. Esta forma se opone como: “un conocimiento vivo, afectivo, existencial del pasado a su neutralización distanciada e inerte por parte de los historiadores” (Chartier, 2007: 15); por lo tanto, la memoria se  sitúa en un periodo donde el campo literario aún no definía lo que era estrictamente literario, de ahí, su indistinción entre los aspectos ficcionales o, mejor dicho, entre los sesgos ideológicos propiciados por el relator y lo que pertenece al territorio de la historiografía, sometida a los criterios objetivos de la prueba documental (Chartier, 2007). No obstante, cabe aclarar que el discurso historiográfico veladamente recoge visiones ideológicas que se establecen por medio de la narrativa histórica pues “nos dice en qué dirección pensar los sucesos, cargando nuestro pensamiento sobre los acontecimientos de diferentes valencias emocionales” (White, 2003: 125).

La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935) se moviliza como un texto de carácter referencial, pues está basado en un pasado que ha sido ampliamente historizado desde variadas perspectivas políticas e ideológicas, por ende, podemos encontrar en el texto de Pérez Rosales alusiones a hechos que efectivamente acontecieron y que son ampliamente reconocidos por la historiografía como conocimientos pertenecientes a un pasado empírico, sin embargo, dicha percepción del pasado cambia conforme a idearios eurocéntricos, indianistas e indigenistas del proyecto Estado-Nación, es decir, cambia según el tratamiento narrativo propiciado por sus respectivos autores, de esta manera, el escritor decimonónico se conforma como un escritor estadista. Para Doris Sommer, quien estudia los romances nacionales del siglo XIX -cuyo caso puede ser extrapolado al relato de Pérez Rosales-, la literatura de este periodo pretende diseminar las identidades de los sujetos modernos latinoamericanos, con el fin de imponer una visión que al Estado le permita mantener el control ideológico y territorial por medio del sentido de pertenencia nacional, lo cual se puede graficar en el propio Pérez Rosales quien expone la siguiente visión de sí mismo y de su empresa colonizadora:

Con fe perseverante y constancia, este naciente establecimiento alcanzará a ser antes mucho, la iova del sur de la Republica.

Siete años después el viejo chileno que estas líneas escribe, vió con la pura emoción del patriotismo, realizado su pronóstico. (Pérez Rosales, 1935: 128)     

 

Desde este punto de vista, la memoria y el relato testimonial se desarrollan como la percepción de lo irrepetible y como registros de un acontecimiento único (Chartier, 2007) relatado en primera persona, por lo tanto, el autor es una fuente directa validada por la experiencia y, asimismo, por el poder, quien le concede los espacios dentro del campo literario para expresar una visión ideológica alineada bajo sus intereses. 

 

3.      Diglosia, arquetipos e inespecificidad de la memoria como estrategias de omisión

 

La diglosia latinoamericana se expresa a través de la convivencia de forma simultanea de las lenguas indígenas y el castellano como lengua preeminente, así, los registros cultos utilizados pertenecen a la literatura hegemónica peninsular imitada por los letrados latinoamericanos, cuyo patrón regía las convenciones literarias del periodo en el continente. Para Ángel Rama, la ciudad escrituraria estaba rodeada de dos normas de habla establecida por dos clases lingüística y socialmente antagónicas (1998), es decir, la clase o anillo urbano y otro correspondiente a las lenguas indígenas, las cuales no gozaban del prestigio de los usos de la lengua urbana regida por la norma española (Rama, 1998). Dicho en otras palabras, el uso urbano corresponde a los registros cultos-formales usados en la literatura imperante del periodo. De esta forma, podemos observar cómo Pérez Rosales se ciñe a este patrón estratégicamente, con el fin de elidir los topónimos de origen mapuche que dan cuenta de territorios pertenecientes a un sistema socio-cultural, que es borrado literalmente del mapa mediante su reasignación y resignificación, pues Melipulli (Cuatro colinas o tierras) es el nombre dado por los williche al poblado donde hoy se ubica Puerto Montt, el cual fue rebautizado por Pérez Rosales en honor al presidente Manuel Montt, quien impulsaba la colonización en dicha zona:

Ahora, porque oyeron decir que en el territorio llamado Melipulli existía un pueblo de reciente fundación, ha de llamársele Melipulli (aunque semejante denominación de ciudad no se encuentre en mapa geográfico ninguno), y no Puerto Montt, conocido de tiempo atrás hasta en Europa. Melipulli es el nombre de un territorio situado en la costa norte del seno de Reloncaví; Callanel es una sección de ese territorio, y en Callanel fue donde se echaron los cimientos de ese pueblo cuyo nombre se quiere en vano hacer olvidar. Llámese, pues, Callenel y nó Melipulli si se quiere perpetuar el sistema español, y con él negar al César lo que sólo al César pertenece (Pérez Rosales, 1935: 109)

De este modo, el orden de los signos (Rama, 1998) era determinado por una ciudad letrada que tenía la autoridad de reorganizar los espacios geopolíticos en función de establecer un nuevo orden social, por ende, simbólicamente se fundaban ciudades con la finalidad de imponer esquemas occidentales asociados a la idea de progreso de la época, silenciando la presencia de una sociedad anterior.

Podemos apreciar como la autoridad literaria y el poder cultural[2] formulan, lo que es expresado en palabras de Nelly Richard como: “sus arbitrariedades, sus censuras y exclusiones” (Ramos, 2009: 35), puesto que se contraponen civilización/barbarie personificados en dos arquetipos, es decir, el colono europeo dotado de cualidades que lo convierten en impulsor del progreso del país y, el indígena, que es descrito como el salvaje que impide dicha empresa reclamando sus territorios ancestrales. Por una parte, la inmigración alemana era retratada como “la benigna visita que le hacían las luces, las artes y las riquezas materiales, para sacarla de la postración en que se hallaba” (Pérez Rosales, 1935: 41) y, por otra, los mapuches eran plasmados como seres incivilizados, viciosos y partícipes de su exterminio cultural, hecho que es relatado por Pérez Rosales en el episodio que habla de Pichi Juan quien es descrito como:

indígena borrachón, tan conocido como práctico de las más ocultas sendas de los bosques y genealogista, además, para atestiguar a quien de sus antepasados pertenecían los terrenos que solían adquirir a hurto los valdivianos. (Pérez Rosales, 1935: 59)

De esta manera, se manifiesta como los grados de verosimilitud pueden traspasar el relato en cuanto narran sucesos históricos, puesto que validan una descripción sesgada del “otro” la cual puede ser entendida por el lector como parte de la experiencia empírica, sin necesariamente pertenecer al campo de lo real; esto tiene como finalidad legitimar la colonización y las reducciones y, así, proyectar los idearios e imaginarios de nación. En este sentido, las características de literariedad (Poblete, 2003) que posee las memorias de Pérez Rosales -así como también ocurre con las crónicas decimonónicas-, expresan el límite difuso entre lo historiográfico y lo literario, entre la ficción y la realidad; pues Pérez Rosales ejerce una labor literaria en cuanto tiene conciencia que trabaja estéticamente la palabra en su relato, lo cual podemos ejemplificar en la siguiente cita: “Para haberse detenido en aquel atractivo lugar, hubiera sido preciso no haber tenido ocupada la mente con las importantísimas ideas que trabajaban la mía en aquellos momentos; dejé, pues, a un lado la poesía…” (Pérez Rosales, 1935: 75). Asimismo, podemos evidenciar los rasgos de esa inespecificidad en la recopilación de las memorias de Pérez Rosales Recuerdos del pasado (1885), ya que son presentadas como un material que cobra relevancia como parte de un registro documental y, a su vez, como parte de un registro literario que rescata acontecimientos de relevancia para la época, lo cual queda expresado en voz del prologador y la comparación que hace de Pérez Rosales con Cervantes, siendo ambos posicionados como historiadores y novelistas:

Como el inmortal autor de la historia del hidalgo de la Mancha firmaba la dedicatoria de la postrera de sus novelas puesto ya el pié en el estribo, el autor de los Recuerdos del Pasado, que en aventuras raras y singulares no cedió la palma a aquel maravilloso historiador, ni a su asenderado hidalgo (Pérez Rosales, 1885: V)

Así, podemos observar como los letrados de la época, eran capaces de manejar variados registros, sin tener conciencia explícita de los géneros que utilizaban en sus relatos.

Igualmente, queda de manifiesto el choque entre culturas que poseen formas diferentes de percibir el mundo y, a su vez, de valorar un recurso productivo básico como es la tierra, ya que el Estado chileno a través de la expedición realizada por Pérez Rosales esperaba la apropiación y explotación mercantil de este recurso, anteponiéndose a la forma williche de entender el territorio, puesto que estos eran descritos como individuos carentes de iniciativa para el progreso, es decir, para la explotación de los recursos naturales bajo la mirada capitalista. Es así como se evidencian dos lógicas disimiles en una relación asimétrica, quedando de manifiesto la dominación colonial estatal; por lo tanto, podemos situar las memorias de Pérez Rosales como un texto basado en formas burguesas de subjetividad (Pratt, 2009), es decir, se vale de modos de representación por medio de los cuales los miembros de la burguesía, aseguran su inocencia para afirmar su supremacía y hegemonía mediante el expansionismo imperial y colonialidad[3], de esta forma, se establecen imaginarios de las sociedades ancestrales que los relegan a una situación de inferioridad cognitiva, cultural, biológica y económica, ante las sociedades occidentales u occidentalizadas como la chilena

El tiempo referencial retratado por Pérez Rosales abarca desde 1850 hasta 1860, finalizando su relato con un balance de la prosperidad industrial impulsada por los colonos. Se evidencia que la presencia en el relato de la resistencia indígena a la colonización es casi nula en los valles intermedios de la Unión, Osorno y el seno de Reloncaví (Marimán, 2006: 89), pues se cree que los mapuche en esta época fueron reducidos y diezmados anteriormente por las enfermedades traídas por los colonizadores. No obstante, hechos históricos como la matanza de Forrahue[4] (1918) en Osorno, indican lo contrario.

En el decenio perteneciente a 1880 (época en que se publica Recuerdos del pasado), los medios de comunicación eran controlados, según lo que expresa José Bengoa, por:

Los colonos, comerciantes e industriales interesados en la ocupación rápida de los territorios, realizaron una campaña que sostenía que la Araucanía estaba despoblada y era necesario medir, lotear y rematar. Este sector, que se expresaba en algunos periódicos y políticos de la época, quisiera ver a los mapuches reducidos a una mínima expresión; consideraba un peligro el poder de los caciques y buscaba la dispersión y aislamiento de la población mapuche. (Bengoa, 1991 :329)

En consecuencia, Recuerdos del pasado se sitúa como una obra que expresa una visión ideológica de este proceso, que tiene que ver con la expropiación de las tierras con fines y usos productivos mercantiles en favor de la aristocracia de la época, siendo así como se inaugura el periodo reduccional que confina a los mapuche a los espacios más infructíferos del territorio chileno.

 

4.      Recepción de la obra de Pérez Rosales

 

El texto primario, es decir, Recuerdos del pasado es publicado en forma de folletín en el diario La Época[5] en 1882; el contexto histórico de la obra dispone a la Araucanía -último reducto de resistencia mapuche ante la colonización- como propiedad fiscal, inaugurando el periodo de las reducciones. Es debido a esto, que podemos evidenciar que la visión de la colonización expuesta por Pérez Rosales desea masificarse a través de la entrega periódica de Recuerdos del pasado, ya que esta forma de producción editorial estaba pensada para una multiplicidad de posibles lectores, entre estos, criados, artesanos, jóvenes lectores y lectoras en general; dado que a través de la heterogeneidad discursiva que propone el diario (pues este reunía crónicas, remitidos, artículos, folletines, entre otros), se buscan potenciales adherentes y reproductores en los espacios públicos de los discursos del poder. Sergio Caniuqueo (2006) expone que en el periodo la sociedad chilena no estaba ceñida a un ideario unificado de nación, ya que existía una multiplicidad de proyectos sociales diversos representados por mapuches, misioneros, colonos nacionales y extranjeros que debían ser contrarrestados en cuanto a su influjo en la opinión pública:

Esto resultaba fácil todos poseían proyectos sociales distintos y por lo tanto se embarcaron en una carrera por plasmarlos, ante lo cual el Estado se desentendió en los primeros años. Estos proyectos al chocar unos con otros comienzan a generar fricciones que desencadenan una violencia que se hace común a este periodo, como parte de las relaciones de un proceso de formación (Marimán. et. al, 2006: 154)

Recuerdos del pasado (1882) se configura como respuesta al descrédito que sufría la colonización en la prensa al servicio de los “especuladores” y “pseudo-sabios universitarios” -según palabras de Vicente Pérez Rosales-; sin embargo, este desprestigio no se afianza en la opinión pública exclusivamente con fines especulativos, puesto que en la época se crea un debate mediático en torno a la violencia usada en la desterritorialización de los mapuche en las regiones mencionadas y la Araucanía, lo cual fue denominado como Guerra de Exterminio[6] en la prensa; es así como el compilador se vale de omisiones para validar la empresa colonizadora estatal apelando al desconocimiento y olvido histórico del lector, debido a que los acontecimientos narrados ocurren en un periodo anterior y en un lugar que no es representativo de las problemáticas contemporáneas al periodo de publicación, es decir, 1882, ya que los mapuche se encontraban empobrecidos a causa de las variadas batallas llevadas a cabo en la defensa de sus territorios y preservación de su autonomía.

El periódico a fines del siglo XIX era visto como un arma de doble filo, ya que propiciaba visiones momentáneas que no permitían una lectura reflexiva e investigativa, pues buscaba causar una impresión efímera mediante una lectura rápida, producida por su periodicidad de edición. Los conservadores de la época advertían a sus lectores sobre estos peligros en cuanto a las lecturas que ellos denominaban “subversivas”, sin embargo, este mecanismo de control de las subjetividades puede ser extrapolado a todos los discursos dominantes de la prensa; ante esto, Juan Poblete afirma que la lectura “…podía tener insospechadas consecuencias ya no sólo en el orden patriarcal de la familia, la paternidad y el matrimonio sino asimismo, en el orden macrosocial” (Poblete, 2003 :130)

La reedición y compilación de Recuerdos del pasado, ahora bajo el título y temática La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935), se inserta en un contexto histórico que zanja la anexión definitiva de todos los territorios mapuches desde la región del Bío-Bío al sur, es decir, finaliza la expoliación definitiva de los mapuche, publicándose cuando el periodo de colonización se da por finiquitado en 1929 con la derogación de la Ley de radicación de indígenas (Bengoa, 1987) y con el surgimiento de una corriente indigenista de origen mapuche que basa sus demandas en la recuperación de los territorios ancestrales expropiados mediante las reducciones. En otras palabras, La colonización de Valdivia y Llanquihue surge como respuesta a los discursos antagónicos al poder, haciéndose hincapié en lo que su editor califica como uno:

De los hechos importantes acaecidos en Chile en el siglo pasado la colonización alemana en Valdivia y Llanquihue es, sin duda, el que mayor transcendencia ha tenido y seguirá teniendo sobre los destinos de nuestro país.

Los colonos llegados a aquellas inhospitalarias tierras hace 80 años y sus actuales descendientes han dado enorme impulso a la agricultura, a la industria, al comercio y a todas las actividades nacionales (Franko, 1935: 7)

 

Podemos observar cómo se recicla un relato con la finalidad de rememorar el pasado para hacerlo presente en el periodo contemporáneo a la publicación de La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935), de esta manera,  se  reactualiza un discurso que estaba siendo cuestionado por una insurgente resistencia social e intelectual mapuche que, paulatinamente, se apropiaba de espacios dentro de un campo intelectual que históricamente le correspondió a la ciudad escrituraria decimonónica, difusora de una visión eurocéntrica del Estado-Nación dentro de sus obras literarias. Asimismo, cabe destacar que en 1930[7] (Marimán. et. al, 2006) se comienzan a plantear las primeras demandas territoriales por organizaciones mapuches.

Uno de los mecanismo de reactualización de las memorias de Pérez Rosales son las variaciones con respecto a Recuerdos del pasado (1882), desde esta perspectiva los títulos de cada apartado de La colonización de Valdivia y Llanquihue (1935) son modificados por el editor con la finalidad de darle mayor coherencia y cohesión al relato planteado desde su nueva temática, es decir, la colonización de Valdivia y Llanquihue, sin embargo, en el prólogo a esta edición, el editor no manifiesta su labor reescritural, por lo tanto, tiende un velo al rol editorial que le corresponde, autorrelegándose a la mera labor de presentador, por lo tanto, elide los acontecimientos que no atañen a los fines del relato que reorganiza bajo un nuevo tópico, que como finalidad busca reinstalar en el siglo XX el discurso decimonónico.

 

5.      Conclusiones

 

A modo de conclusión, podemos observar cómo en el siglo XIX se construye un discurso de la alteridad homogenizador, en cuanto la palabra era derecho de los letrados que en su mayoría pertenecían a la burguesía dominante del periodo y que tenían puestos intereses económicos en los territorios pertenecientes a los mapuche, de esta forma, las elisiones y omisiones dentro de los discursos de la época se expresan por medio del reestrablecimiento de personajes arquetípicos, es decir, el mapuche bárbaro -al modo de la novela del siglo XIX-, la imposición de una lengua oficial que reestructura el espacio geopolítico e impone una norma que invisibiliza la existencia de la sociedad mapuche. En síntesis, la Colonización de Valdivia y Llanquihue (1935) opera en las subjetividades de la época estableciendo mecanismos de control que imponen y reactualizan el discurso estatal y el proyecto burgués.

 

Bibliografía

- Bengoa, José. 1991. Historia del pueblo mapuche (Siglo XIX y XX). Santiago de Chile: Ediciones Sur.

- Chartier, Roger. 2007. “El pasado en el presente. Literatura, memoria e historia”. Co-herencia, vol. 4, núm. 7: 1-23

- Marimán, Sergio. et. al. 2006. ¡…Escucha winka…! Cuatro ensayos de Historia Nacional Mapuche y un epílogo sobre el futuro. Santiago de Chile: LOM Ediciones.

- Pérez Rosales, Vicente. 1886. Recuerdos del pasado. Santiago de Chile: Imprenta Gutenberg.

- Pérez Rosales, Vicente. 1935. La colonización de Valdivia y Llanquihue. Valparaiso: Universo.

- Poblete, Juan. 2003. Literatura chilena del siglo XIX: Entre públicos lectores y figuras autoriales. Santiago de Chile: Cuarto propio.

- Pratt, Mary Louise. 2010. Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación. México: Fondo de Cultura Económica.

- Rama, Ángel. 1998. La ciudad letrada. Montevideo: Arca.

- Ramos, Julio. 2009. Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX. Caracas: Fundación editorial El perro y la rana.

- Sommer, Doris. 2014. Ficciones fundacionales. Las novelas nacionales en América Latina. Bogotá: Ediciones Fondo de Cultura Económica.

- White, Hayden. 2003. El texto histórico como artefacto literario. Buenos Aires: Editorial Paidós.

 



[2] Ver Julio Ramos. 2009. Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX. Caracas: Fundación editorial El perro y la rana.  

[3] Ver Aníbal Quijano “Colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas”. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. 122-151. Buenos Aires: CLACSO. 2000

[4] En José Bengoa, Historia del pueblo mapuche (Siglo XIX y XX). “Encerrados en una choza se asesinó a más de 25 hombres, mujeres y niños, prendiéndoles fuego. Forrahue, durante ese periodo, es símbolo de la violencia huinca.” (Bengoa, 1987: 375)

[5] El diario La Época fue propiedad de la familia Edwards, fundadores de El Mercurio y conocidos por haber hecho una fortuna entorno a la minería y la prensa en el siglo XIX.

[6] José Bengoa en Historia del pueblo mapuche en el siglo XIX y XX expone como se desarrolla esta campaña militar que comienza en el verano de 1869 a cargo del coronel José Manuel Pinto, en esta no solamente se vieron inmiscuidos mocetones y guerreros mapuche, sino también mujeres y niños, los cuales eran asesinados o capturados y; de paso, se quemaban sus rukas y se hurtaban pertenencias de valor y ganado

[7] El Congreso de la Federación Araucana en Boroa en 1930, planteó un marco de demandas mapuche en las cuales la tierra pasaba a ser el eje central.





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