Revista Electrónica: Documentos Lingüísticos y Literarios UACh

Antonia Torres A.
Periodista y poeta*

"La poesía es la voz fundamental de la conciencia humana"

Javier Bello. Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2006

PRESENTACIÓN

Javier Bello (Concepción, 1971) es uno de los poetas de la llamada "generación de los ´90". Además, es Licenciado en Literatura Hispánica por la Universidad de Chile y Doctor (c) de Literatura de la Universidad Complutense de Madrid. Su currículum literario es extenso, nutrido y precoz. De hecho, su primer libro de poesía lo escribe a los 15 años de edad. Ha publicado La noche venenosa (1987), La huella del olvido (1989), La rosa del mundo (1996), Las jaulas (1998) y la plaquette titulada Jaula sin mí (1999). Durante 1992 fue becario de la Fundación Neruda. En 1994 recibió el primer premio en la categoría "inéditos" en los Juegos Florales Gabriela Mistral de la I. Municipalidad de Santiago por La rosa del mundo, y en 1998 recibe un accésit, distinción que en Chile conocemos como "Mención de Honor", en el VII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma (Segovia), por su libro Las Jaulas. Éste último premio le valió publicar en el conocido sello editor español de poesía Visor. Recientemente ha sido galardonado con el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez 2006, el cual otorga la Diputación Provincial de Huelva y la Fundación Juan Ramón Jiménez, por el libro letrero de albergue (2006).

Bello es una personalidad generosa. Sus trabajos y experiencias como gestor y productor han demostrado estar guiados por el interés por promocionar la poesía de sus "pares generacionales". Es autor, por ejemplo, de uno de los primeros trabajos teóricos sobre los poetas chilenos de "la generación de los ´90", a la cual él mismo pertenece. Si bien hoy son numerosas las antologías, los estudios breves, los encuentros y lecturas de esta promoción, en 1996, cuando no ocurría lo mismo, se atrevió a proponer una suerte de "generación poético-literaria" a propósito de un grupo aún incipiente, donde ninguno sobrepasaba -en ese entonces- los 25 años de edad. Una apuesta atrevida que le valió un par de críticas y unos cuantos elogios. Pero su mayor osadía fue hacer, efectivamente, una "selección" o antología de autores1. Tras 10 años de su aparición, casi todos los poetas allí antologados han perseverado y se han convertido en escritores reconocidos, premiados, y más o menos "profesionales".

En septiembre de 1998 convoca, junto a las también poetas Verónica Jiménez y Alejandra Del Río, al encuentro nacional de poetas jóvenes La Angustia de las Influencias: Los Poetas leen a los poetas, en la ciudad de Santiago y al alero de la Universidad de Chile. Actualmente, trabaja en la misma universidad como profesor ayudante del área de Literatura Latinoamericana y Chilena; y, desde comienzos de 1999, es co-editor junto a Luz Ángela Martínez de los proyectos virtuales "Retablo de Literatura Chilena", en Internet, y la revista "Cyber Humanitatis", de la misma facultad. Esta conversación ha tenido lugar en Valdivia, en Santiago y durante muchas oportunidades distintas desde que lo conocí allá por un lejano 1993, la primera vez que compartimos una mesa de lectura junto a otro poeta valdiviano. Las circunstancias literarias y biográficas nos han seguido reuniendo.


LOS NÁUFRAGOS DE LA POESÍA CHILENA

Javier, ¿Por qué ese interés tuyo por la promoción de poetas jóvenes? ¿De dónde nace el deseo por leerlos, por presentarlos, por estudiarlos?

Yo me sentía solo en función del medio que me rodeaba en Concepción, debido a que empecé a escribir muy temprano. Más tarde, en Santiago, cuando empecé a estudiar en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, conocí a otros poetas de mi generación y descubro que estaba acompañado y que en Chile había gente que estaba escribiendo si bien no igual, con intereses parecidos a los míos. Justamente la diversidad en las escrituras es unos de los intereses en común en ese momento (…). Mucho más tarde se me ocurriría hacer una tesis sobre eso. Tuve la sensación de encontrar gente que tenía algo que ver con lo que yo escribía. Ése fue el motivo externo más importante. Y luego, el intentar aproximarse a algo que yo sabía que de un momento a otro iba a adquirir interés por la calidad de esas escrituras, por lo que planteaban en el contexto de la poesía chilena, iban a causar algún tipo de revuelo público. Algo que se empezó a dar poco tiempo después. Cuando yo ya estaba terminando la tesis, el año 1996 tiene lugar ese encuentro y antología de la Biblioteca Nacional2. Todo el movimiento de poetas jóvenes fue, por así decirlo, más visible (…). Hubo alguna producción sobre el fenómeno. Se empieza a invitar a los poetas jóvenes junto a los poetas de los ´80, junto con los poetas de los ´60 que estaban en el país, ¿no? Se conocen las obras de la gente de provincias: de Jaime Huenún, Damsi Figueroa, tú misma. Un montón de gente que se empieza a conocer en el medio santiaguino, propiamente tal, que es muy cerrado.

¿Y cuál crees que es el valor de este trabajo?

Creo que el de prestar atención a los poetas jóvenes. Los poetas de la generación de los ´80, por ejemplo, creían que el espacio se les debía a ellos. Hay una especie de resentimiento con respecto de los poetas jóvenes debido a que nosotros tuvimos acceso a espacios a los que supuestamente ellos no tuvieron. Por otro lado, hay una cierta conciencia de que muchas de las obras de los poetas más jóvenes son bastante más interesantes que las de los poetas de la promoción anterior. Por algo antologué a poetas de esa promoción y me dediqué a ellos, y no me dediqué a los anteriores. Simplemente me parecen mucho más interesantes, mucho mejor logrados, trabajos poéticos mucho más serios, de mayor búsqueda, de mayor alcance, de mayor rigor con el poema, de mayor distancia, de mayor descreimiento además. Ésa es una crítica fundamental que nos separa de la promoción anterior.

Algunos de los poetas de los `80 pretendían que el poema correspondiese a un trasvasije directo de la realidad, de ciertas escenas y códigos que le daban validez. Primero habría que cuestionarse esto desde el interés exploratorio por la propia materialidad del poema, de empezar a cuestionar el propio poema como objeto que tejía la realidad, simplemente. Segundo, habría que empezar a cuestionarse qué es lo que llamamos "signos de la realidad". De cuál realidad estamos hablando. Esos dos puntos son fundamentales.

No todos los poetas de los ´80 hicieron eso. Por ejemplo, uno lee a Guillermo Valenzuela, que me parece un poeta brillante (y que es uno de "Los Bárbaros") y descubre que su poesía tiene mucho que ver con el momento en que se escribieron sus libros ¡como casi todos los libros que se escriben! A pesar de ello, sus poemas no dejan de tener validez estética: se pueden leer ahora como se leyeron hace diez años.

Lo que no pasa con otros poetas de su generación...

Exactamente. Libros que han perdido vigencia. Desapareció la realidad a la que se referían, o se encubrió de otra manera, o se transformó, y el discurso perdió validez. No había una preocupación por el discurso, sino más bien por el referente. Todo el atractivo que pudieron causar esas poéticas ponía atención en el referente al que aludían y no a la poética misma. Es decir, que la poesía retrate los signos de la realidad, los signos de los mass media, los signos del cine, etc. es interesante, claro y, desde luego, una posibilidad. Como la lárica, como la metafísica, como la mística, como la intelectual, como la vitalista, como la visionaria, ¿me entiendes? Son muchos tipos de poesía, pero que dé cuenta de lo urbano no lo justifica como poesía. No creo que la mera transmisión de mensajes ideológicos, o de hacer cierta crónica política justifique un discurso poético. Eso lo puede hacer un cientista social o un sociólogo, un reportero, un cronista, etc. Creo que esta promoción de poetas, nosotros, pone el acento en el descubrimiento del propio poema como el espacio que es propio de la poesía. Me refiero a eso, y eso ya lo había hecho la generación del ´50, por ejemplo. Lo que pasa es que del ´50 acá ha habido un alejamiento respecto de eso…

¿Hay una superación de ciertos temas? ¿En qué sentido la generación de los `90 habría superado algunos de los temas que la de los ´50 no supo resolver?

Mira, en un sentido estricto yo no veo una superación. El año ´73 significó un quiebre, de muchas formas. El golpe de estado significó un quiebre en el comportamiento poético, en la transmisión de la tradición poética chilena, sea cual sea ésta. La poesía tuvo que arreglárselas para sobrevivir en otro medio, con otras maneras y códigos. En ese sentido, la generación de los ´80 parece no haber tenido "mayores", vinieron a hacer todo de nuevo. En un momento determinado los poetas de nuestra generación hemos sentido la presencia de nuestros "maestros": Lihn, Teillier, Arteche, Martínez, Uribe o poetas un poquito mayores como Gonzalo Rojas. Porque los poetas de los ´60 estaban casi todos afuera: Omar Lara, Oscar Hahn, etc. Creo que la primera mirada nuestra fue en ése ámbito: redescubrir las vanguardias, redescubrir al Neruda de Residencia en la Tierra, redescubrir a Huidobro, redescubrir a Rosamel del Valle, a Eduardo Anguita, etc.

No creo que haya una superación, en el sentido que hayamos superado el problema. Todos los problemas que planteó la generación del ´50 han sido perennes en la literatura de todos los tiempos, en la poesía. Por más situada que esté la obra de Enrique Lihn, por ejemplo, plantea desafíos de autocontemplación del oficio poético, de la escritura, por ejemplo, que no tienen solución. Que son aporías. Y yo creo que tiene que ver con lo que nosotros llamamos hoy por hoy, "límites de nuestro quehacer poético", de nuestra visión poética, puntos de cerrazón, o de fuga si quieres. Hay ciertos límites de la poesía contemporánea que están dentro de ella misma, y que están en juego constante con nuestra aproximación a la realidad. Volver a poner atención al poema como el espacio privilegiado de la poesía se hace obligatorio. Y se hace obsesivo mirar dentro del poema e intentar develar la propia materialidad de la poesía. Hablo de la poesía en su relación con la realidad, que es su drama fundamental. Estoy hablando de la poesía como un ejercicio contemplativo, vital.


"NUNCA ME HE SENTIDO EN LA PERIFERIA DE NADA, NI EN EL CENTRO DE NADA MÁS QUE DE MI MISMO"

¿Qué opinión te merece a ti el tan manido debate cultural "centro-periferia"?

Nunca me ha preocupado demasiado.

Pero pareciera haber sido por mucho tiempo una realidad palpable para los escritores de esta región del país. Es un hecho que el reconocimiento está dado por el centro, pienso particularmente en los medios de comunicación.

Yo nunca, nunca, ni cuando escribí en Concepción, ni cuando escribí en Madrid, ni cuando escribí en Santiago, ni cuando escribí en ninguno de los lugares en que he vivido me sentí en la periferia de nada, ni reconocido por el centro. Yo creo que toda escritura poética tiene que entenderse a sí misma como centro de sí misma. Muchas veces Santiago puede ser la periferia de la escritura de un poeta en Temuco, no sé.

Es decir, desconoces absolutamente la existencia de este fenómeno...

¡Pero es que yo he visto una cantidad de producción literaria en el sur! Yo nací en Concepción. ¡Por lo tanto para mí es fundamental lo que se hace en el sur de Chile poéticamente! En Pto. Montt nos encontramos con que los grupos allí están editando libros a través de Omar Lara que está en Concepción; que Bernardo Colipán edita un libro de narraciones orales de una comunidad huilliche, etc. Es decir, yo creo que hay una serie de producciones en el sur que tienen que ver con el sur. Y que están centradas en la propia comunidad...

Claro, pero está centrado en el sur y reciben la atención y la crítica de lectores y académicos del sur ¡Son desconocidos para los críticos de Santiago, en donde están los medios masivos, la gran "vitrina cultural"!

¡Pero allá los críticos de Santiago!...

Eso suena a consuelo...

No es un consuelo, Antonia. El nivel de actividad cultural que hay en el sur y su vida poética no existe en Santiago. Es un espacio privilegiado para escribir poesía. Pero obviamente las ventajas económicas son distintas: en el Sur hay menos trabajo y, por lo tanto, menos posibilidades de sobrevivir (…) El único problema de la provincia es que se sigue esperando el reconocimiento de medios literarios que ni siquiera ven más allá de Pudahuel. El trabajo editorial que han hecho Jorge Torres con Barba de Palo y Ricardo Mendoza con la Editorial El Kultrún no lo han hecho tan seriamente ni con ese rigor en Santiago más que unos pocos.

Pero ese mérito no es reconocido por culpa de ese "centro". Entonces, sí hay un problema centro-periferia.

En ese sentido, sí. Pero es que el que quiere ser ciego va a ser ciego en el centro, en el sur, en Arica, en París, en Nueva York. ¡Ay del que quiere ser ciego! Que sufra las consecuencias. Yo creo que la provincia está tomando las armas de hacer las cosas por sí sola, el sur está haciendo un trabajo poético propio. Que sea reconocido en Santiago no tiene la menor importancia.

Para terminar aquí con el tema, ¿te sitúas tú o no en esta discusión? ¿Crees tú, objetivamente, que por el hecho de haber desarrollado gran parte de tu obra en Santiago has gozado de más beneficios y ventajas en los términos que hemos hablado que si hubieras escrito desde la provincia?

(Se apresura) ¡De ninguno! Yo sólo he tenido un poco más de difusión crítica a partir de los premios que me gané en España (Gil de Biedma 1999 y Juan Ramón Jiménez 2006). Todas las otras atenciones críticas han sido por trabajo cultural de amigos. O sea, de poetas que están en la misma situación que uno. Que escriben una reseña en una revista porque se les otorga un espacio y se acuerdan de tu libro. O porque uno se relacionó en términos amistosos con cierto académico de la Universidad de no sé dónde. Toda la atención que he tenido me la han dado en Concepción, en Madrid y no en Santiago. Todas las reseñas que han aparecido en Santiago son a raíz de los premios internacionales, no hay que ser ciego. Yo nunca me he situado en ese dilema, porque mi único interés es poético. Yo me he relacionado con los poetas, cuyas obras me han parecido interesantes. Sean de provincias, sean de Santiago, sean de Madrid, sean de donde sean.


"LA POESÍA ES LA VOZ QUE SOSTIENE A LA COMUNIDAD"

Tú siempre has motivado a tus pares literarios, a los poetas jóvenes y los no tanto a escribir ¿Por qué esa fe en la literatura? Considerando los cientos de poetas que existen en nuestro país... ¿Por qué ese afán y no mejor hacer desistir a tanto escritor incipiente?

Porque el medio literario, como ya te había dicho, es particularmente eficaz para hacer desistir a cualquiera. Yo he vivido en otros medios culturales que no son chilenos, pero lo que yo he visto acá, la calidad y el poder de la poesía, no lo he visto en ninguna otra parte. Así de claro. Curiosamente, me encuentro con poetas que tienen un talento enorme y una gran capacidad para escribir y crear libros, y tienen dudas sobre sí mismos, precisamente porque no hay afirmación alguna de parte del medio. No hay nadie que te diga "lo que tú estás haciendo está bien". Por el contrario, no te nombran, no hablan de ti (…). Me interesa escuchar y leer y no vivir sometido al "ninguneo" que hay en este país ¡Si es una cosa terrible! En lo que a mi respecta, mientras más poetas hayan, mejor. Si la única forma de que se produzca una literatura es que la gente confíe en su propio talento. De lo contrario, no pasa nada. El otro día leía la entrevista que le hizo Yanko González a Omar Lara3. Omar está brillante, estupendo. Bueno, Omar Lara dice allí que él es un poeta básicamente desconfiado de la palabra, desconfiado... y ésa es una posición, ¿no? Una posición frente a la palabra. Bueno, Omar Lara puede decir eso, porque Omar se crió en un medio distinto al que nos estamos moviendo hoy día. El medio poético de los ´60 con talleres literarios en todas las universidades, con poetas mayores haciendo clases en las universidades con, creo yo, un ambiente de mayor generosidad con respecto a la literatura y a los poetas más jóvenes. Eso permitió o ayudó a que existiera esa obra. Omar Lara es un poeta de un talento enorme, que se lo debe todo a sí mismo, no estoy diciendo nada diferente. Pero siempre hay cosas que ayudan a los poetas. Y creo que hoy día en el medio en que nos desenvolvemos no hay ninguna de esas condiciones. La sociedad ha cambiado radicalmente. No hay interés en el discurso, ni en la palabra, sino en la competitividad económica y la solvencia.

¿Crees tú que el paisaje, el contexto físico o natural influye en la elaboración del poema? Conociéndote me parece que no fuera tu caso. A pesar de que vives en medio de Santiago de Chile, lleno de ruidos, gente, etc., en algunos de tus poemas parece que vivieras en medio de un bosque...

Pero es que el paisaje no es el que lo rodea a uno, es lo que se lleva dentro. Yo creo en eso del "paisaje interior", que tiene obviamente una correspondencia con el lugar donde yo crecí y abrí los ojos a la realidad. Si hubiera abierto los ojos en el desierto de Atacama mi poesía hubiera sido otra. Para mí, por ejemplo, donde no hay árboles no hay un lugar bonito. Entonces, imagínate en qué se traduce eso en mi imaginario poético. Yo siempre hablo del bosque, del agua. Ése es el paisaje que se quedó dentro de mí y ese es el paisaje al que me refiero. Teillier hablaba de eso. Sus poemas son una confesión que dice que el "Lar" no existe ni ha existido nunca. Un lugar más allá de la simple existencia histórica o referencial. Yo he estado en Madrid escribiendo y siempre estoy hablando del bosque, de los árboles, del enigma de los árboles, del lenguaje propio de los árboles, del habla de los árboles que existe para mí. Y todas las fuerzas que habitan mis poemas, la energía que me impulsa a escribir, la energía que se mantiene ahí condensada y que me interesa condensar yo, las veo en el paisaje.

Comparto esa visión...

(…) No obstante, hay algunos poetas del sur que son "del sur" porque viven allí, pero su paisaje no tiene nada que ver con eso. No digo que esa poesía sea mala, sino que no tiene correspondencia con lo que estamos hablando. A mí me pasa que en ese paisaje que yo observo, que vuelvo a encontrar, que llevo dentro de mí, están las culturas que desaparecieron, las fuerzas que desparecieron, los dioses que desparecieron y están los desparecidos. Está todo ese paisaje como calco del exterminio. Yo veo los montes y siento el espíritu de los desaparecidos dentro de los volcanes, de la gente que tiraron allí adentro. Ahora, no hago referencia explícita a casi nada…


EL MITO DEL SUR DE CHILE O EL PROBLEMA DE LA MIRADA

Bello es un poeta de fe. De fe en la palabra poética. Para él, la poesía es una forma de "comunicación total" entre los ciudadanos. Exagerado y dramático: "Si no le creemos a los poetas estamos perdidos. El día en que deje de creer en eso, me suicido". Bello es de esos que creen que la poesía funda territorios. De allí su afán por promover contactos, vínculos, generar espacios y difundir a poetas de todas las edades y las nacionalidades. "Tienes que conocer a fulano", "Vamos a visitar a mengana, ¿Has leído su último libro? ¡Es absolutamente maravilloso". Para él, si no se vive poéticamente no hay poesía. "Si el espacio en que estamos no es intervenido poéticamente vamos a perecer todos, todos. Yo lo noto al tiro en el sur de Chile, no así en otras partes. La poesía es la voz que sostiene la comunidad, aunque la comunidad no lo reconozca. La poesía es la función más seria que hay en el sur de Chile. Este es un espacio poético, fue fundado como un espacio poético".

¿Y dónde se ha demostrado eso?

En el cuestionamiento que hay constantemente sobre la propia identidad. Bueno, y también sobre el descreimiento que hay sobre los propios mitos, descreimiento que también los ratifican. Es un lugar ambiguo, contradictorio, ¿te fijas? ¡Como todos los lugares, pero de una intensidad tremenda! Que existan poetas como Teillier, por ejemplo, completamente identificador de un sur, de un paisaje que no es real, pero que existe porque se impone. Y otros poetas tan descreídos como Jorge Torres, por ejemplo. La contrapartida. Yo, por ejemplo, me atrevería a decir que tiene algo que ver con una tradición. No se puede decir que Jorge Torres es un heredero de Teillier y que la suya es una poesía de la próxima generación. Es una ridiculez. Simplemente son distintas formas de ver el mismo espacio. Pero me da la impresión que el trabajo en el sur está, por una parte, más formalizado en grupo. Que se trabaja en conjunto. ¿Sabes?, me parece que el trabajo literario del sur también es individual. Es, más bien, el "trabajo político" el que se hace o se hacía en conjunto.

Claro. La gente del Grupo Quercipinión o de Aumen, por ejemplo, hacen un trabajo poético y político en conjunto. Por un lado, hacen un trabajo de taller conjunto, y una obra por separado. Pero es un trabajo más formalizado. Veamos lo que tú dices: Se supone que la poesía del sur constituye históricamente algo aparte de la poesía de Chile. Luego, si aplico un silogismo y digo "la poesía chilena no existe, más que ligada a la poesía de la lengua castellana y universal", que es lo que creo yo. Lo que me parece indiscutible es relacionar a los grandes de la poesía chilena, en lugar de verlos como una unidad entre ellos, relacionarlos con otros poetas de los que son más deudores que de la propia creación poética chilena. ¡Huidobro no tiene nada que ver con lo que se hacía en su tiempo! Neruda leyó a Quevedo, leyó a Whitman, leyó a Baudelaire, y ésas son sus influencias. Ninguna de las cuales es chilena. La Mistral leía los salmos de la Biblia. No creo que existan características y que se pueda decir "la poesía chilena es A, B y C". Si no existe eso, ¿cómo va a diferenciarse la poesía del sur?

Es verdad. La poesía de Maha Vial no tiene nada que ver con la de Sergio Mansilla…

… ni con la de Jorge Torres. La gente en Valdivia, por ejemplo, trabaja en torno a una serie de Editoriales. Hay un trabajo político colectivo de producción y difusión de los libros. Ahora, yo creo que el mito unificador es la misma poesía del sur. La cual es un mito, por supuesto; ya que toda unificación cultural se da en torno a un mito, una fe. De alguna manera, hasta el más descreído tiene que creer en algo, participar de alguna parte de ese mito, aunque sea negándola, para que confluya con los demás (…) Creo que este territorio está tan poetizado, tan mitificado por la poesía que es difícil que alguien no sienta este espíritu. Existe algo así como una "transmisión espiritual" de los grandes poetas del sur de Chile. ¡Tiene que haber algo en este lugar! Yo creo que es la carga poética que se le ha puesto encima. No es el lugar el que inventa la poesía, sino la poesía la que inventa el lugar. (...).

Yo creo que sin mito y sin crítica del mito no puede haber poesía. Hölderlin dijo, "todo lo que existe fue una vez imaginado". Si no imaginamos primero lo que existe, entonces no va a existir nunca (…) El mito poético sirve para eso mismo. La instalación de un mito sirve para que la persona que nace a la poesía vea que ese camino de alguna manera ya fue transitado. Y que hay una zona que va más allá, pero que existe la posibilidad. Al ponerle palabras los están haciendo existente, lo están transformando en un hecho de contemplación. Si todo el problema de la poesía es un problema de contemplación. Arteche dice que un poema es un poema cuando un objeto observado está observado como si recién existiera. Eso es valioso.

...como su poema a la bicicleta...

Claro, tú puedes ver una taza -eso lo explica él en una entrevista- todos los días de tu vida. Pero si tú la ves de repente de una forma nueva, como si recién naciera la taza, se produce la experiencia. En ese sentido es un problema de contemplación. Y de alguna manera el sur es una mirada. No es nada más que eso. Una mirada desde múltiples perspectivas, por supuesto, pero una mirada que ha ido construyendo ese territorio (…) Un poema hace real las cosas. La videncia entrega la evidencia de la realidad. Si tú pierdes la mirada sobre la realidad no hay contemplación y, por lo tanto, no hay poema. Es sólo retórica; ya sea la retórica de la modernidad, o del modernismo o del romanticismo. La retórica de los mass media, de la zona urbana o de la zona rural, ¿me entiendes? ¡Es una cosa tan envolvente! Yo mismo estoy hablando envuelto por el mito de la poesía del sur. Es un problema de fe. ¿Tú crees que existe? Yo estoy por que existe.


RITOS PERSONALES: "YO SÓLO ESCRIBO LO QUE NO ME PERTENECE"

¿Cómo escribes, Javier? ¿Qué costumbres tienes, cómo prefieres escribir, a qué horas prefieres hacerlo?

En realidad escribo a cualquier hora. Los poetas, generalmente, escriben poemas de "un tirón". Yo, en cambio, escribo puros pedacitos. Tomo notas, escribo cuatro versos, cinco versos, los anoto, después los paso al computador (...).

Yo sé cuando estoy trabajando en algo nuevo. Yo ya tengo calculado que mi demora para escribir un libro son 4 ó 5 años. Y curiosamente, sin proponérmelo, ando escribiendo siempre de lo mismo. Hay una obsesión con las imágenes y en ciertos tonos, ciertos giros de lenguaje o ciertas preocupaciones. Pero yo soy, en verdad, bastante inconsciente para escribir. Paso montones de tiempo sin saber qué es lo que estoy haciendo, completamente perdido. Hasta que algo funciona. Trabajo sobre lo que no conozco.

¿Eres como un artesano para hacer poemas? O piensas que el poema es susurrado al oído y que no eres tú el que lo está escribiendo...

Yo creo que uno es un artesano desde el punto de vista en que uno trata de igualar, de mantener el tono y las características de lo que se le ha revelado. Pero creo que los poemas no me pertenecen. No soy yo. Más aún: un artículo crítico, un cuento, una novela me pertenecerían. Pero no escribo de lo que conozco porque me aburre demasiado. Me aburro de mí mismo. Yo sólo escribo lo que no me pertenece. El poema no me pertenece, me llega, sucede. Se me van ocurriendo cosas. Luego hay que trabajar artesanalmente. Rilke decía que se te dona el primer verso, "Dios te da el primer verso", decía, y el resto consiste en mantener la calidad del primer verso en el resto del poema.


"LA POESÍA TE PERMITE DECIR TODO LO QUE LA IDEOLOGÍA NO TE DEJA DECIR"

Tú dices que en tu poesía te ocultas. Que cifras, que no eras evidente. Propones, entonces, una escritura que disfraza el discurso. ¿Para qué? ¿Por qué defiendes esa manera de hacer poesía?

Porque yo siempre he escrito de mí mismo: sobre mí mismo y desde mí mismo. Nunca he escrito desde el grupo tal ni en cierta corriente poética, ni en cierta preferencia estética, tampoco en cierta preferencia sociológica o cierto nivel antropológico. Siempre he creído que la primera función del arte es ser trasgresor. Y la poesía va más allá de la ideología; te permite decir todo lo que la ideología no te deja decir. ¡Y hacer un poema que funcione es de una dificultad tan alta! Para mí el trabajo con el poema es muy importante. Yo soy una persona que trabaja mucho en un libro. Me demoro cinco años en decidir, por ejemplo, dónde termina un poema, cómo se ordena, cómo se pone junto al otro, etc. No me interesa solamente decir cosas con los libros, sino que el libro sea una cosa en sí misma. No hay nada más aburrido que un poema que sabe qué decir.

¿Pero cómo logra ser trasgresora una poesía que, a falta de tantos referentes concretos, existen quienes no la comprenden? Que es, dicho sea de paso, lo que me parece sucede con tu poesía…

(Interrumpe) A mí que me comprendan o no me comprendan me tiene en absoluto sin cuidado. Yo nunca he pretendido escribir para nadie. Nunca. Yo sé perfectamente de dónde vengo y sé quién soy… Bueno, en realidad no sé bien quién soy, pero se de dónde vengo. Sé lo que quiero hacer. Siempre he escrito desde mí mismo y con una exigencia personal sobre lo que hago. Si me entienden o no me entienden no me preocupa.

Entonces, ¿dónde está la eficacia de tu poesía?...

¿Eficacia? (con gran escepticismo)

...comunicacional

¡La poesía no tiene ninguna eficacia! Es lo ineficaz por excelencia. Dice lo que no se dice, los espacios de vacío, de error. Que son finalmente los que te hacen libre de lo otro: lo eficaz, lo comprensible, las reglamentaciones, las obligaciones, el mundo de lo previsible…

¡Pero es innegable que uno tiene cierta fe en la escritura y en los poemas, porque cree que éstos tienen cierta eficacia para comunicar...!

Mira: cuando yo me dirijo a un público y voy a leer en un lugar nunca espero la reacción del público. No me interesa generar un efecto en el público como conciencia global o como "colectivo". O sea, me interesa de repente tener una persona que haya "enganchado", que haya descubierto algo. O acercar a ese grupo de oyentes a algo muy primario, a la materialidad de la palabra, que está en todos, que es lo que nos une en el lenguaje y más allá de él. El arte tiene la función de liberar la conciencia humana. Es el logro de conquistar algo que era oscuro, lo desconocido. ¿Me entiendes? Si yo logro eso en un momento, por un segundo con una persona, o con varias, me doy por satisfecho. Desplazarlos de sí mismos.

¿Eres, entonces, un completo descreído de la poesía o de la literatura en función de las ciencias sociales, por ejemplo?

Completamente descreído. Yo creo que la poesía está cruzada por todos los discursos del universo. Los discursos filosóficos, ideológicos, antropológicos, sociológicos, artísticos... los que tú quieras. Lo que pasa es que a mí me interesa otra cosa que está detrás de los discursos, justo en el momento en que los discursos fallan, colapsan, se quiebran, son puestos en cuestión por la poesía: "Detrás del pensamiento hay un palo quebrado", así empieza Letrero de albergue. Me interesa aquello que hace al poema un poema y qué es lo que tiene de transmisible. Yo trabajo con una materia como cualquier artesano trabaja con otra. No estoy hablando de fantasía. Estoy hablando de que yo trabajo con la imaginación tal como un artesano trabaja con la madera. O como un físico cuántico trabaja con las estrellas, con el vacío, etc. La poesía es la voz fundamental de la conciencia humana, más allá siempre pero nunca más acá de saber qué es un poema. El poema a mí no me aparece como una voluntad sociológica. Yo no quiero emocionar a no sé cuánta gente, o trabajar con no sé cuánta gente. Yo me enfrento al poema y siento pasión por cierta música, ciertas imágenes que aparecen en mí, y que trato de que aparezcan en otras personas. Y es un proceso tan íntimo, tan individual y tan primario en mí que no puedo ser infiel a ese proceso, ¿me entiendes?

 

Valdivia-Santiago, junio 2006

 

Para citar este artículo

Antonia Torres A.. 2006 . «"La poesía es la voz fundamental de la conciencia humana"». Documentos Lingüísticos y Literarios

 





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